26.12.16

De la quietud



Porque así como si pudiéramos estar
al mismo tiempo en el Himalaya y en las estepas americanas
a un clic de distancia,
una nevasca en medio del sol no nos sorprende.

Nos estamos deteniendo, amor mío,
las órbitas de los errantes se desnudan
y como perlas de un collar roto nos dispersamos
sin fuerza propia.

La luna de hoy es sólo un recuerdo sepia 
de la infancia, estamos ciegos
frente a su luz, nuestros vaticinios
son parodias de telescopios obsoletos.

Cada vez más inmóviles, amor mío,
anclados en un mar de salivas amargas y espesas
alucinados con letanías
de una raza extraña que del cuerpo nuestro humor succiona.

El placer por los ídolos de piedra nos volvió rígidos
el ego halló su madriguera segura en el cisma
en este aliento sideral petrificado
El ángel del fuego decepcionado vuelve a su casa.

Las lágrimas del hijo no caen sólo apuntan
el camino del retorno
Las imágenes eléctricas de nuestras fiestas planearán

los desiertos que seremos.

Pero los afortunados serán 
lluvia de un nuevo país.
La tierra un rostro 
a un beso diario y jubiloso.




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