5.12.16

Sinfonía que no fue


Llevé entre mis manos aquel pequeño piano que guardaba las melodías íntimas. Un pequeño departamento, unos cuantos muebles y nosotros sentados en el suelo hablando del calor, de la música que nos emocionaba. Cansados de conversar nos acomodábamos recíprocamente en nuestros cuerpos y dejábamos que ese pequeño piano nos contara sobre la luz que nos cubría, en su idioma. En su idioma de teclas y cuerdas tensadas.

Intenté aprender los acordes exactos, para decirle a tu corazón lo mucho que amaba oírlo en la mañana, mi cabeza apoyada entre tus sueños y los míos. Tu arritmia era lo que buscaba cuando intentaba escribir una canción nueva, pues era así como se comunicaban las aves imaginarias en el borde de nuestra casa de madera, de fuego, de humo, de aire, de ilusión. Estoy seguro que ahí en el fondo, entre los nidos, se escondía un poema.

No hay razones para continuar sosteniendo este piano, pequeño piano entre mis manos. Cada nota es un silencio amargo que arranca un agudo dolor de los ojos. No hay razones para insistir como acróbata sobre un pentagrama roto.

Abrir las manos, separarlas, y que caiga el pequeño piano, para que en su propia sombra sus átomos hallen paz bajo una sinfonía que no fue.





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