21.2.17

Territorio



No hay tiempo para estar narcotizados
Para sustraernos de los sentidos, de la carne,
Para prohibirnos vivos tocarnos en colores y nítidos olores.

El invasor nos espera dormidos,
sin idioma,
sin recuerdos.

En su derecha trae el báculo robado
y en su izquierda
la velocidad de las corrientes frías.

No hay tiempo para separar el cuerpo del amor,
sólo unidos vencemos a la muerte, y al invasor,
que trae magia en sus labios,

para dividirnos,
olvidarnos
y extinguirnos.

El tiempo es finito, nos requiere despiertos,
vivaces y enérgicos,
con el corazón en llamas y la sangre luminosa,

vitales, para atravesar la era oscura,
paladear la música propia, reconciliarnos
con los dioses de la Tierra y las criaturas


y exiliar al invasor a su insoportable errancia.





.

11.2.17

Inercia de la cosa




Nos queda entonces elogiar a lo inanimado,
celebrar belleza por aquello que carece de emociones
productos, obras, artificios. Tiempo
suficiente para recostarnos
sobre la agonía y contemplar
cómo avanza
la máquina más allá de nuestra vista
y nuestras lágrimas de petróleo.

Te dije una vez que te amaba y desconocía aún tu nombre
Me bastó apoyar mi cabeza en tu pecho y traduje
en aliento lo que oía ahí en el fondo
Luego supe de tu edad y la de las plantas que ofrecen
flores en primavera
Y después recorrí tu escritura, el movimiento de tu mano
Como un insecto volador descartando colores
bajo mis alas opacas
En el fondo hay un tambor semejante a una copa de cristal
 y néctar áureo y dulce
suficiente para sabernos.

Temblaste como las hojas del cerezo
al deletrear el primer viento de otoño
Eso de amar es caduco – dijiste (en un idioma líquido) -
lo verde se vuelve amarillo por falta de azul,
y allí está el cielo
al amparo de todas las carencias.
Azul me desprendo – dijiste (en un idioma aéreo) –
Y tu vuelo fue generoso
como la lengua del sol a través de todas las estaciones.
Fui yo quien nunca salió
de la piedra arrojada contra la tormenta.








.