11.2.17

Inercia de la cosa




Nos queda entonces elogiar a lo inanimado,
celebrar belleza por aquello que carece de emociones
productos, obras, artificios. Tiempo
suficiente para recostarnos
sobre la agonía y contemplar
cómo avanza
la máquina más allá de nuestra vista
y nuestras lágrimas de petróleo.

Te dije una vez que te amaba y desconocía aún tu nombre
Me bastó apoyar mi cabeza en tu pecho y traduje
en aliento lo que oía ahí en el fondo
Luego supe de tu edad y la de las plantas que ofrecen
flores en primavera
Y después recorrí tu escritura, el movimiento de tu mano
Como un insecto volador descartando colores
bajo mis alas opacas
En el fondo hay un tambor semejante a una copa de cristal
 y néctar áureo y dulce
suficiente para sabernos.

Temblaste como las hojas del cerezo
al deletrear el primer viento de otoño
Eso de amar es caduco – dijiste (en un idioma líquido) -
lo verde se vuelve amarillo por falta de azul,
y allí está el cielo
al amparo de todas las carencias.
Azul me desprendo – dijiste (en un idioma aéreo) –
Y tu vuelo fue generoso
como la lengua del sol a través de todas las estaciones.
Fui yo quien nunca salió
de la piedra arrojada contra la tormenta.








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