21.2.17

Territorio



No hay tiempo para estar narcotizados
Para sustraernos de los sentidos, de la carne,
Para prohibirnos vivos tocarnos en colores y nítidos olores.

El invasor nos espera dormidos,
sin idioma,
sin recuerdos.

En su derecha trae el báculo robado
y en su izquierda
la velocidad de las corrientes frías.

No hay tiempo para separar el cuerpo del amor,
sólo unidos vencemos a la muerte, y al invasor,
que trae magia en sus labios,

para dividirnos,
olvidarnos
y extinguirnos.

El tiempo es finito, nos requiere despiertos,
vivaces y enérgicos,
con el corazón en llamas y la sangre luminosa,

vitales, para atravesar la era oscura,
paladear la música propia, reconciliarnos
con los dioses de la Tierra y las criaturas


y exiliar al invasor a su insoportable errancia.





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