6.5.17

Sobre tus mantras




Esta noche no fueron suficientes
las estrellas
para guardar silencio e imaginar diálogos cursis.
Había que hablar,
sacar la voz,
como un minero carbón,

como un minero solitario con su pequeña lámpara de palabras en su frente,
heroica oportunidad en medio de un mar rugiente que sangra sólo espuma.
Hablar de lo importante, de lo interior, si algo allí acaso tiene
su espacio,
sus montañas, ríos, prados
y sus propias estrellas.

Empiezo por los nombres de la cosas, como si fueran
la razón de los verbos concentrados
en tu sonrisa insulsa.
Abro un adjetivo hiriente en tu garganta y miro
con detención hacia tu abismo: nada
y espuma marina.

Termino en las cosas de los nombres,
como si tú fueras un reflejo atiborrado de ellos
y yo detrito puro, condenado a sal y a nombres de sal,
disperso, por los siglos de los siglos,
zozobrante en las geometrías hiperbólicas de las noches austeras 
sobre tus mantras.





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