4.10.18

Flores escarlata



El día sábado fuimos al super y compré esas servilletas con diseños de bordados dorados y flores escarlata, que me costaron un ojo de la cara. Las compré porque ella demostró excesivo gusto y a su insistencia no pude más que someterme. Al día siguiente, el domingo, terminamos. En realidad, me terminó. Le pareció poco entusiasta mi admiración por sus servilletas. Fue la gota que derramó el vaso... y que las benditas servilletas no lograron absorber. No alcanzamos a usar las servilletas ni en una última cena. Fui crucificado cruelmente en ayunas. El lunes, rodeado de una soledad imperativa, suerte de purgatorio doméstico (derecho a lanzarme por una ventana, garantizado), me dediqué a ver unos vídeos en internet sobre artes manuales. Otros habrían preferido emborracharse con parafina. El martes llené el departamento de origamis hechos con servilletas de flores escarlata. Así hasta el viernes, especie de minotauro en medio de un jardín artificial, tarareando el temita de The Cure... Por si suben los ánimos.